sábado, 17 de octubre de 2009

PRINCIPALES CONSECUENCIAS

Son diversos los acontecimientos de nuestra historia que han contribuido a que no acabemos de forjar una sólida identidad nacional: por un lado, en nuestro inconsciente colectivo, persiste la idea del sometimiento; y, por el otro, no sabemos lidiar con nuestra heterogeneidad. Actualmente, somos el reflejo de aquella desintegración; y sus principales consecuencias las encontramos en nuestro espíritu derrotista y nuestros fuertes prejuicios raciales.“Existe un discurso no formalizado, una imagen de nación que se ha hecho sentido común pero que no se expresa como discurso político. Una imagen al espejo: los peruanos somos perdedores” (Sandro Venturo 2001:75). Es esta una grave consecuencia intrínseca con la que cargamos todos los peruanos debido a la falta de compromiso nacional que nos caracteriza. Ese espíritu derrotista que se ha apoderado de nosotros; y no nos deja sentir orgullo de lo que somos actualmente. Los peruanos hacemos al país, pero nuestras aspiraciones son pobres; por tanto, el futuro que nos espera es bastante incierto. La poca identificación nacional dificulta enormemente la realización de proyectos a largo plazo y, por ello, el éxito se ve bastante lejano a nuestra realidad.

Por otro lado, hasta el día de hoy, persisten las ideas arcaicas de las desigualdades por causas raciales, ideas que nos condenan a un estado sin integración y con una fuerte exclusión social. Estamos atados a nuestros prejuicios aunque no lo queramos admitir muchas veces. “La reivindicación indígena carece de concreción histórica mientras se mantiene en un plano filosófico o cultural. Para adquirirla -esto es, para adquirir realidad, corporeidad- necesita convertirse en reivindicación económica y política (…)” (José Carlos Mariátegui 1963). Aquella frase de Mariátegui debería ser anacrónica para nuestra época; sin embargo, aun no pasamos aquella brecha y la discriminación es algo de todos los días. Un país que busca convertirse en nación debe comenzar por dar igualdad de derechos y oportunidades a todos sus habitantes. Y es aquella marcada desunión la que nos quita fuerza y nos aleja de la idea de nación.

En conclusión, para llegar a obtener un cambio real es necesario modificar nuestro modo de pensar. Debemos dejar de vernos como perdedores y dejar de sentirnos superiores o inferiores. Solo cuando dejemos de cargar con las consecuencias de nuestro pasado podremos tener una próspera visión del futuro. Tenemos lo necesario para conformar un país desarrollado, pero nuestros prejuicios y complejos nos lo impiden.

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